Punto de Partida

«Ningún conocimiento humano puede ir más allá de su experiencia.»

John Locke

Aprendizaje y apropiación

Para abordar el proceso de creación, se realizó un acercamiento a las músicas de tambora de San Martín de Loba, entendiendo desde los diferentes tonos y golpes que el tambor Alegre o Currulao (como se le llama en la región y en la Música de Tambora) permite. Además de aprender a ejecutar cada uno de los ritmos en el currulao y las frases que dan identidad a cada a aire, era necesario apropiarlos también en la tambora (Instrumento). Así fue mas claro entender la polifonía resultante y el tejido rítmico que le da identidad a la música de San Martín.

No solo se practicó ejecutando los patrones y los ritmos en cada instrumento, fue necesario abordar prácticas grupales y tocar repertorio para entender la fluidez de la música en un ejercicio similar al que se da en sus prácticas tradicionales.

Resumen proceso de aprendizaje de los ritmos de Tambora, bajo la Guía de Edwin Samir Rocha Ortiz. Participaba en las prácticas Xiomara Suarez, estudiante y percusionista del programa de Formación Musical de la Universidad El Bosque.

Las Otras Clases y la Pasantía

Bajo la guía de la Maestra María José Salgado, nos fuimos a esta pasantía junto a mis compañeros de Maestría, alejándonos de nuestra realidad urbana y acercándonos a las aguas del «río grande» (Río Magdalena), el cual sirve de tributario a las historias cautivas en nuestra primera parada en la población de Barranco de Loba. 

Así como por medio de la Tambora y los diferentes rostros enmarcados por dicha música, la región de Loba (San Martín, Hatillo y Barranco) va dibujando sus rasgos particulares: población, historia y territorio. Nuestro primer encuentro se lleva a cabo en un espacio intervenido por las manos de un artista, un ser que nos permite ver la riqueza en su saberes, en su voz y su cosmo-visión. Cantador de Tambora tradicional, compositor de más de cien canciones, creador y artista, abre las puertas de su casa y comparte generosamente las historias y anécdotas que han dado lugar a sus tonadas y canciones.  En sus relatos, se recrean las historia de cantadoras y tamboleros (Justa Pastora y Cecilio Simancas con quienes aprendió), cómo se vivían los noviembres hasta las fiestas de navidad y las fiestas de la Candelaria desde el 23 de enero: maestro Angel María Villafañe Gutiérrez (5 de agosto de 1932). Su mayor riqueza: la tambora heredada de su abuelo. Los relatos consignados en melodías, nos incorporan en las memorias de viajes y recorridos por diferentes lugares de Colombia y Europa, su tierna expresión acompañada de una voz potente nos introduce en un viaje sonoro por cada uno de los ritmos tripulantes en Barranco de Loba. De un berroche que narra lo que su abuelo cultiva en él, seguido de una serie de tonadas donde transita la memoria de su pueblo, personajes y anécdotas, diferenciamos las características de la tambora de esta tierra, su relación con la tambora de Hatillo y de San Martín. Aspectos particulares que permitieron entender el uso de los términos de guacherna ritmo ternario en San Martín de Loba y como se le denomina a este mismo aire pero más lento ejecutado en Barranco de Loba como chandé.

Fotografias tomadas por Ana Giraldo y Maria José Salgado durante la pasantía.

En una esquina, después de bajar una calle larga hacia el río y luego una cuadra hacia el sur, nos encontramos con un espacio que congrega músicos y tamboleros, para conocer un espíritu y una voz que logra recrear con sus versos, realidades que perfectamente pueden transitar en cualquier paisaje de nuestro país y que adoptan con naturalidad una significación colectiva. El amor, la vida, su pueblo y las circunstancias que marcan su existencia,   es lo que recrean los versos del Maestro Grilbin Saenz, cantador y compositor. Allí en compañía de su guitarra, junto a Oreste Ardila (tambora) y Mario Beleño (currulao), el Maestro Grilbin, con un poco de timidez va develando su esencia y dibujando los relatos de sus canciones.

Trae a la memoria aquellos “viejitos”, como los llama él,  que lo cautivaron con su voz (Irene Martinez, la niña Emilia). Describe cómo ha enriquecido sus reflexiones a través de la lectura y del cantar las canciones de aquellos que van dejando un legado. La radio la define como «aquello logra transportar equipajes de sonidos que se van incorporando y señalando lo imposible que es permanecer indiferentes a ellas». Es así que también evoca nombres de juglares y cantantes del vallenato como influyentes en su navegar.

“Mientras… Se va mezclando brisa, agua del río, del mar y la arena, más le va encontrando sabor a la música”, lo dice refiriéndose a todo lo que lo ha acompañado en su existencia. Así mismo sus acompañantes recrean los relatos, sus viajes y anécdotas, de como desde otras vertientes musicales iniciaron sus travesías y anclaron en  músicas tradicionales de tambora. Las experiencias como dice Grilbin, los ensayos, el compartir y las relaciones tejidas en los festivales son los responsables de demarcar las rutas de su sonido.